VERSIONES



                                                                         I

La luz estaba apagada, solo las farolas iluminaban tenuemente la habitación. Todo estaba en silencio. Entonces fue al baño, colocó la aguja del tocadiscos en el vinilo y se metió en la bañera. Empezó a sonar el saxofón. Era rítmico y melodioso. Además tenía algo, algunas notas que le daban cierto aire melancólico. Cerró los ojos y al hacerlo dos lagrimones resbalaron por sus mejillas.
Solo fue un segundo.
Entonces llego ella. Estaba como siempre, pequeña y dulce. Ella seguía igual. Quizá al que más le cambió todo fue a él. Soportar todo aquello no fue fácil. Tan repentino, tan cruel…sin lógica alguna su corazón dio su último latido y el de él se quebró en mil pedazos.
Al principio no se lo creyó, era imposible. Ella no le iba a dejar así, después volcó toda su rabia contra ella por abandonarle así. Y luego solamente se dejó llevar, por la rutina, por las pequeñas cosas cotidianas pero la tristeza lo había invadido todo dejándolo vacío. Ya nada tenía sentido, por eso tenía que hacerlo, ya no perdía nada.
Todo daba igual, ella volvía con él, con su cálida sonrisa que hacía que ya no hubiese dolor, ni tristeza ni pena. No había nada para ninguno de los dos. Sus ojos nunca más se abrirían, un cuchillo exorcizaría su vida, devolviéndole con ella. Ahora solo se tenían el uno al otro para siempre


                                                                         II


La luz estaba apagada, solo las farolas iluminaban tenuemente la habitación. Todo estaba en silencio. Entonces fue al baño, colocó la aguja del tocadiscos en el vinilo y se metió en la bañera. Empezó a sonar el saxofón. Era rítmico y melodioso. Además tenía algo, algunas notas que le daban cierto aire melancólico. Cerró los ojos y al hacerlo dos lagrimones resbalaron por sus mejillas.


Solo fue un segundo. El dolor, bueno hacía tiempo que el dolor había dejado de serle extraño. Solo un segundo de tregua, para tomar aliento antes de dejar que la rutina la volviese a arrastrar. Ni siquiera sabía por qué se sentía así, ni cual era la realidad que le asfixiaba cruelmente, solo sabía que aquellas notas le hacían desaparecer. Eso era lo único que ella quería, desaparecer, convertirse en el ser más insignificante y que el tiempo no corriera, sin presiones, obligaciones, sin nada.

Y solo en la nada más absoluta enfrentarse a la cruda realidad de sí misma.


                                                                         III


La luz está apagada, solo las farolas iluminan tenuemente la habitación. Todo está en silencio. Entonces, vas al baño, colocas la aguja del tocadiscos en el vinilo y te metes en la bañera. Empieza a sonar el saxofón. Rítmico y melodioso. Sin duda tiene algo, algunas notas que le dan cierto aire melancólico. Cierras los ojos y al hacerlo dos lagrimones resbalan por tus mejillas.


Solo un segundo.

Entonces llega ella. Esta como siempre, pequeña y dulce, ¿recuerdas? Pero no, no lo recuerdas.

Sin duda al que más le cambió todo fue a ti. Soportar aquello no fue fácil. Tan repentino, tan cruel…sin lógica alguna su corazón dio su último latido y el tuyo se hizo mil pedazos.

Al principio no te lo creíste, era imposible ¿verdad? Ella no te podía dejar así. Después volcaste toda tu rabia contra ella por abandonarte de esa forma. Y luego, solamente te dejaste llevar por la rutina, por las pequeñas cosas cotidianas, las mismas minucias que antes, aunque poco tenía que ver todo con cómo era antes.
Solamente en estos momentos, dejas que ella vuelva, dejando que su cálida sonrisa haga que ya no haya dolor, ni tristeza ni pena. Solo en estos momentos te dejas retroceder al pasado, a ese tiempo en el que erais felices y cosas como la muerte o el dolor simplemente no existían. Pero cada vez, recuerdas menos de ella. Todos recordamos menos de ella. Al principio tuviste que hacer un esfuerzo enorme para poder recordar su cara, cerrabas los ojos y solo veías en lo que se convirtió después de todos los tratamientos y medicinas. Ese rostro pálido, hinchado. Por fin conseguiste olvidar esa imagen, pero aún así no eras capaz de ver su cara. Recuerdas las sensaciones, los tactos, las risas, su sonrisa, los olores, los paisajes…pero no a ella.

Ella, que siempre había sido más fuerte que tú. Ella que cuando se enteró de su enfermedad nos lo hizo tan fácil a todos, explicándonoslo, dándonos consuelo. Sobre todo a ti. De sobra sabía ella todo lo que la ibas a echar de menos, lo duro y complicado que se iba a volver todo, por que te conocía mejor que nadie y sabía que a pesar de esa imagen de hombre fuerte, la más resistente era ella. Sin duda su fe era un ejemplo para ti y para cualquiera. Su fe en la vida, en ti, en que conseguirías averiguar como apañártelas sin ella. Su fe en Dios. Tú nunca lo habías comprendido, quizá tampoco nunca lo habías necesitado. No entendías cómo a pesar de tener miedo, podía seguir confiando, creyendo de esa forma tan ciega. Y lo sigues sin entender. Por eso estás ahí intentando recordarla, ver en su cara algo que te haga comprender cómo seguir adelante ahora que te sientes tan solo, ahora que necesitas creer.


                                                                                IV


La luz estaba apagada, solo las farolas iluminaban tenuemente la habitación. Todo estaba en silencio. Entonces fue al baño, colocó la aguja del tocadiscos en el vinilo y se metió en la bañera. Empezó a sonar el piano. Era rítmico y melodioso. Además tenía algo, algunas notas que le daban cierto aire melancólico. Cerró los ojos y al hacerlo dos lagrimones resbalaron por sus mejillas.

Era lo máximo que se permitía. Solo un instante de tregua, para tomar aliento antes de dejar que la rutina la volviese a arrastrar, para sentirse sola, para compadecerse un poco de sí misma y no tener que ocultarse detrás de una sonrisa. Y abandonar esas sensaciones y dejar que su mente se dispersase, transformando en sus fantasías todos esos pensamientos, en sus deseos secretos que no confesaba a nadie. Y volvía a pensar en ese chico que vio algún día en algún lugar y en la terrible pasión que tendrían juntos, imaginando toda una vida de ilusiones. Y pensaba también en los éxitos que tendría, en los sitios a los que viajaría. Así anestesiaba la inercia que parecían haber tomado las cosas. Siempre había sido especialista en eso, en evadirse, en inventar cosas imposibles, huyendo a ese lugar de su mente, a esos lugares comunes, a sus paraísos desiertos , donde todos somos poetas y se habla en verso, donde se aprende por ósmosis y se duerme durante días, aunque no exista el cansancio. A ese lugar donde ser naif de vez en cuando, era obligatorio.

Solo un momento para sus sueños cuchicheados, sus sueños en bajito antes de abrir los ojos y ser realista.


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