REBELDIAS
Así que te dejé a un lado, porque me dolías.
Lo cierto es que con el tiempo toda esa gran rebeldía se convirtió en desdén.
En pereza de volver, en vergüenza por haberme ido, por no haber confiado. Y día
a día, todo siguió como siempre. Todo volvió a como era antes, a la paz y calma
en la que sé vivir. Esa calma y esa paz en la que siempre me he sentido bien, y
sin embargo ahora, en ese sosiego algo me fallaba. Sentía un vacío, pero un
vacío que pesaba. Un peso que me oprimía el pecho, que aunque lo ignorase
siempre había un momento, un detalle en el que se hacía presente. Sentía una congoja
que no había sentido nunca. Pero empecé a comprender, estaba huyendo. Huyendo
de una parte de mí, solamente porque había encontrado la excusa para hacerlo,
para dejar de lado mi cruz, para no cargarla. La excusa para abandonarme, para
abandonarte y dejar de esforzarme.
Y aquí estoy. Han pasado meses.
El eco de mis tacones resuena al golpear con la piedra del suelo. Lo cierto es
que estoy nerviosa. Me siento en el banco de madera y me planteo porqué he
tardado tanto en volver. Y es ahí, volviendo a llamarte padre, donde empiezo a
sentirme mejor.
Comentarios
Publicar un comentario