EL RECUERDO
La luz está apagada, solo las farolas iluminan tenuemente la habitación. Todo está en silencio. Entonces, vas al baño, colocas la aguja del tocadiscos en el vinilo y te metes en la bañera. Empieza a sonar el saxofón. Rítmico y melodioso. Sin duda tiene algo, algunas notas que le dan cierto aire melancólico. Cierras los ojos y al hacerlo dos lagrimones resbalan por tus mejillas.
Solo un segundo.
Entonces llega ella. Esta como siempre, pequeña y dulce, ¿recuerdas? Pero no, no lo recuerdas.
Sin duda al que más le cambió todo fue a ti. Soportar aquello no fue fácil. Tan repentino, tan cruel…sin lógica alguna su corazón dio su último latido y el tuyo se hizo mil pedazos.
Al principio no te lo creíste, era imposible ¿verdad? Ella no te podía dejar así. Después volcaste toda tu rabia contra ella por abandonarte de esa forma. Y luego, solamente te dejaste llevar por la rutina, por las pequeñas cosas cotidianas, las mismas minucias que antes, aunque poco tenía que ver todo con cómo era antes.
Solo un segundo.
Entonces llega ella. Esta como siempre, pequeña y dulce, ¿recuerdas? Pero no, no lo recuerdas.
Sin duda al que más le cambió todo fue a ti. Soportar aquello no fue fácil. Tan repentino, tan cruel…sin lógica alguna su corazón dio su último latido y el tuyo se hizo mil pedazos.
Al principio no te lo creíste, era imposible ¿verdad? Ella no te podía dejar así. Después volcaste toda tu rabia contra ella por abandonarte de esa forma. Y luego, solamente te dejaste llevar por la rutina, por las pequeñas cosas cotidianas, las mismas minucias que antes, aunque poco tenía que ver todo con cómo era antes.
Solamente en estos momentos, dejas que ella vuelva, dejando que su cálida sonrisa haga que ya no haya dolor, ni tristeza ni pena. Solo en estos momentos te dejas retroceder al pasado, a ese tiempo en el que erais felices y cosas como la muerte o el dolor simplemente no existían. Pero cada vez, recuerdas menos de ella. Todos recordamos menos de ella. Al principio tuviste que hacer un esfuerzo enorme para poder recordar su cara, cerrabas los ojos y solo veías en lo que se convirtió después de todos los tratamientos y medicinas. Ese rostro pálido, hinchado. Por fin conseguiste olvidar esa imagen, pero aún así no eras capaz de ver su cara. Recuerdas las sensaciones, los tactos, las risas, su sonrisa, los olores, los paisajes…pero no a ella.
Ella, que siempre había sido más fuerte que tú. Ella que cuando se enteró de su enfermedad nos lo hizo tan fácil a todos, explicándonoslo, dándonos consuelo. Sobre todo a ti. De sobra sabía ella todo lo que la ibas a echar de menos, lo duro y complicado que se iba a volver todo, por que te conocía mejor que nadie y sabía que a pesar de esa imagen de hombre fuerte, la más resistente era ella. Sin duda su fe era un ejemplo para ti y para cualquiera. Su fe en la vida, en ti, en que conseguirías averiguar como apañártelas sin ella. Su fe en Dios. Tú nunca lo habías comprendido, quizá tampoco nunca lo habías necesitado. No entendías cómo a pesar de tener miedo, podía seguir confiando, creyendo de esa forma tan ciega. Y lo sigues sin entender. Por eso estás ahí intentando recordarla, ver en su cara algo que te haga comprender cómo seguir adelante ahora que te sientes tan solo, ahora que necesitas creer.
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