MARIPOSAS

Para mí las mariposas son palabras, porque soy feliz intentando cazar palabras, es mi sueño. Todo el mundo tiene sus mariposas pero eso no significa que las del resto de la gente también sean palabras. Probablemente las mariposas de cada uno no se parezcan en nada a las de otro. Bueno, en nada no, porque todas tienen algo en común. Todas se pueden cazar. Busca las tuyas y no lo dudes, atrápalas.
MARIPOSAS
Este es el peor momento, en el que el folio está en blanco. En el que te enfrentas a ti mismo intentando escribir lo que puede se convierta en tu historia. En este instante todo lo que has pensado, lo que has ideado, desaparece. Y tu mente, como el folio. En blanco.
Sin embargo, decides luchar. No te piensas rendir tan fácilmente. La primera frase es importante, así que te afanas por buscar cuidadosamente lo que vas a poner. De repente, te has convertido en un cazador de palabras. Palabras que se comportan como mariposas, tan frágiles y huidizas que es imposible que tu labor sea fácil. Pero lentamente, van cayendo en tu red. Algunas las dejas libres, no son lo suficientemente perfectas, y otras pasan a ser tuyas para siempre. Poco a poco vas notando que cada vez es más fácil, que todo va bien. Solo entonces recuerdas por qué haces esto. Cientos de emociones te recorren, tal vez se le pueda llamar plenitud. Pero sobre todo sientes que estás vivo, que el resto del mundo no importa.
Hasta que acabas, y miras con cierto temor a tus pequeñas mariposas. Cambias alguna por otra, y te detienes a contemplarlas. Quizá eran más hermosas cuando las imaginaste, quizá se note que todavía no eres un cazador experimentado pero ha merecido la pena porque solo ahora pueden volar ellas solas y tú puedes admirar, desde la distancia, su tenue vuelo.
MARIPOSAS
Este es el peor momento, en el que el folio está en blanco. En el que te enfrentas a ti mismo intentando escribir lo que puede se convierta en tu historia. En este instante todo lo que has pensado, lo que has ideado, desaparece. Y tu mente, como el folio. En blanco.
Sin embargo, decides luchar. No te piensas rendir tan fácilmente. La primera frase es importante, así que te afanas por buscar cuidadosamente lo que vas a poner. De repente, te has convertido en un cazador de palabras. Palabras que se comportan como mariposas, tan frágiles y huidizas que es imposible que tu labor sea fácil. Pero lentamente, van cayendo en tu red. Algunas las dejas libres, no son lo suficientemente perfectas, y otras pasan a ser tuyas para siempre. Poco a poco vas notando que cada vez es más fácil, que todo va bien. Solo entonces recuerdas por qué haces esto. Cientos de emociones te recorren, tal vez se le pueda llamar plenitud. Pero sobre todo sientes que estás vivo, que el resto del mundo no importa.
Hasta que acabas, y miras con cierto temor a tus pequeñas mariposas. Cambias alguna por otra, y te detienes a contemplarlas. Quizá eran más hermosas cuando las imaginaste, quizá se note que todavía no eres un cazador experimentado pero ha merecido la pena porque solo ahora pueden volar ellas solas y tú puedes admirar, desde la distancia, su tenue vuelo.
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